Prueba Maserati MC20: cambio de rumbo
Maserati MC20

Prueba Maserati MC20: cambio de rumbo

El nuevo supercoche con motor central de Maserati, el MC20, ya está aquí. Está claro que es una compañía especializada en regresos, pero no hay duda de que este es muy especial. Texto: J. Bovingdon, J. Arús

Vale la pena dejar la incredulidad de lado y tragarse las preguntas que pasan por la cabeza cuando te plantas ante el Maserati MC20. Hay, por supuesto, muchas preguntas. Esto es Maserati. Nada es predecible; la lógica ha sido, durante mucho tiempo, un concepto ajeno a la marca.

«El motor silba y gruñe como los mejores de los Grupo B»

¿Pero es que alguien sabe realmente qué es Maserati en su esencia? Constructor de Fórmula 1 en los tiempos de Fangio; productor de glamurosos coupés y berlinas en los años 60 y 70; siempre al borde de la quiebra financiera; una firma relanzada, renovada y reinventada cada pocos años, pero sin alcanzar nunca sus objetivos y, en su última versión, una compañía que pronto tendrá una gama que abarca desde un competidor del Porsche Macan hasta este nuevo supercoche que rivaliza con el McLaren Artura. ¿Qué es Maserati? Es una pregunta demasiado compleja para responderla aquí y ahora. Así que, en su lugar, vamos a centrarnos en una pregunta más sencilla: ¿qué es el MC20? Estoy realmente impaciente por saberlo.

Maserati MC20 interior

Llegamos al cuartel general de la marca, en el corazón de Módena (Italia), y nos encontramos con una niebla y una llovizna digna de cualquier rincón del Reino Unido, con conocimientos extraídos de los comunicados de prensa y de la breve toma de contacto que realizó mi compañero Álvaro Sauras hace ya unos cuantos meses ( 69). Es un coche intrigante. Misterioso incluso; con un impacto diluido en las brumas de esta eterna pandemia. Si añadimos el caos característico de Maserati y el hecho de que Ferrari ya no tiene el tacón de su bota en la garganta de su vecino, el MC20 no puede ser nada menos que un producto fascinante.

No estamos en una presentación al uso, con una rueda de prensa con mensajes extraños sobre el estilo de vida en alguna sala de un hotel de lujo; simplemente hemos llegado y tenemos que conducir. El plan es recoger el MC20 a las 8 de la mañana, devolverlo al anochecer y hacer lo que queramos en ese lapso de tiempo. Un enfoque de la vieja escuela que me calienta el alma y sugiere que hay una verdadera confianza por parte de la marca en las capacidades del MC20. Maserati sabe que el éxito de los SUV Levante y Grecale es crucial para la empresa, pero es este supercoche el que hace brillar los ojos de los ingenieros.

Antes de meternos en harina y conducir en busca de algún lugar con menos bruma, he aquí un resumen de esos materiales de prensa: el MC20 se ha desarrollado en sólo 24 meses gracias a un intenso enfoque en herramientas de predicción, simulación y modelado en el Laboratorio de Innovación de Maserati. Se produce en la planta de Viale Cero Menotti, que ha sido el hogar de Maserati durante más de 80 años. Esta mezcla de innovación y clasicismo es muy acertada, porque el MC20 es el arquetipo de supercoche italiano con motor central ejecutado con materiales y mentalidad modernos. Cuenta con una carrocería de fibra de carbono y una aerodinámica desarrollada en colaboración con Dallara, dobles trapecios en ambos ejes con amortiguadores adaptativos Bilstein, y un nuevo motor V6 de 3 litros con doble turbocompresor a 90 grados llamado Nettuno… y que cuenta con un encendido de precámara al estilo de la F1.

Maserati MC20 motor

El Nettuno produce 630 CV a 7.500 rpm y 730 Nm de 3.000 a 5.500 rpm, y Maserati afirma que el 0-100 km/h lo realiza en 2,9 seg. (con neumáticos de carretera estándar) y que la velocidad máxima es de 327 km/h. El MC20 pesa 1.475 kg (con líquidos) y cuesta desde 190.275 euros. Esto lo sitúa prácticamente al nivel del más potente e híbrido McLaren Artura y a poca distancia del Lamborghini Huracán Evo, el McLaren 720S y el Ferrari F8 Tributo. En otras palabras, Maserati se mete directamente en la boca del lobo como si nunca se hubiera alejado. Aunque, al menos sobre el papel, su planteamiento parece un poco justo en cuanto a potencia y tecnología híbrida. La gente de Maserati no se inmuta ante este hecho.

El nuevo superdeportivo de Maserati tiene un aspecto compacto, sencillo, discreto y con un sentido innato de la elegancia. Quizás el nuevo McLaren Artura sea aún más esbelto y delicadamente esculpido, pero el MC20 posee una frescura que el conocido lenguaje de diseño de McLaren no puede alcanzar. Da la sensación de ser genuinamente nuevo, algo raro en este mundo de frecuentes clones; aunque también es cierto que el MC20 evoca deliberadamente al maravilloso MC12, basado en el no menos legendario Ferrari Enzo. La fina lluvia que lo impregna todo hace que brille aún más. La boca se me hace agua.

La ceremonia de entrega del coche es muy breve, y se centra en los cinco modos de conducción que se seleccionan a través de un manettino al estilo Ferrari. No se trata de una imitación directa, ya que Maserati utiliza un gran dial inspirado en un cronógrafo en lugar de un pequeño interruptor; y lo monta en la consola central de carbono brillante, justo delante de los botones marcados con D/M y R para manejar la caja de cambios. Como era de esperar, la suspensión del MC20, la cadena cinemática, el diferencial electrónico, la respuesta del acelerador, el control de tracción y el sonido del escape se ajustan en conjunto a través de los modos Wet, GT, Sport, Corsa y ESC Off. En el centro del manettino hay un botón que ofrece opciones adicionales para los amortiguadores.

Maserati MC20

Al pulsarlo en el modo Corsa, por ejemplo, la amortiguación vuelve al ajuste medio. En Sport, se selecciona el modo más blando, y en la posición GT, el MC20 se endurece hasta alcanzar otro ajuste intermedio. Puede que Ferrari ya no sea una marca hermana, pero está claro que las lecciones aprendidas de la relación no se han perdido. Esta diferenciación en el ajuste de la suspensión respecto del resto del conjunto es un detalle de clase que sigue faltando (asombrosamente) en un Lamborghini Huracán, por ejemplo.

Lo siguiente que me llama la atención es la forma en la que la puerta tipo ‘mariposa’ se arquea hacia delante para revelar una preciosa bañera de fibra de carbono. Se extiende de forma espectacular hacia el interior, pasando por el espacio para los pies, para ayudar a la aerodinámica, pero su forma delgada también crea una sensación de ligereza y propósito. Además, me recuerda al LaFerrari. No es una mala evocación. Por ahora, sin embargo, sólo quiero ponerme en marcha y dejar el resto de detalles en un segundo plano.

Aun así, es imposible no apreciar que la sobriedad del exterior se traslada a un habitáculo sencillo y bastante convencional. No hay el dramatismo de un Lamborghini (en el que siempre te parece que te adentras en un avión de combate), ni la sensación de tecnología de alguno de los últimos modelos de Ferrari. Sólo hay un volante más grande de lo previsto, una pantalla rectangular que hace las veces de instrumentación y otra gran pantalla táctil central para todos los controles de infoentretenimiento y la climatización. Los destellos de color azul que encontramos en los asientos firmados por Sabelt son lo más llamativo aquí dentro.

Para algunos puede parecer un poco decepcionante, pero para mí la falta de decoración extravagante crea su propia identidad. ¿Quizás me esté preparando para una experiencia de conducción fría y tranquila? Pulsar el botón de arranque montado debajo del radio izquierdo del volante echa por tierra esa idea de inmediato. El motor Nettuno cobra vida y el arranque en frío, plano, áspero y monótono, crea repentinamente un borde de agresividad. El MC20 arranca en modo GT por defecto, pero el propulsor no parece reconocer lo que esas letras suelen significar. Es un motor enfadado y, al menos a primera vista, crudo.

Maserati MC20 trasera

La sensación de desconexión entre la estética, el motor estridente y el chasis altamente evolucionado continúa en el denso tráfico matutino de Módena. El MC20 se conduce maravillosamente, con el dulce control de un McLaren pero con mayor tranquilidad. No hay una flotación evidente, sólo una amortiguación bien puesta a punto que consigue que el MC20 se sienta ligero y extremadamente ágil. La dirección no tiene la increíble agudeza de un Ferrari ni la textura de la de, por ejemplo, un McLaren 720S, pero refleja el pulido tan evidente en el control de la carrocería.

Es ligera, fluida y consistente y trabaja en armonía con las respuestas naturales del coche. Los ingenieros de Maserati decidieron no dar la opción de manipular el peso de la dirección a través de los ajustes del manettino, ya que alegan haber encontrado el nivel de tacto y respuesta que querían. Y he de decir que lo han conseguido.

Sin embargo, mientras disfruto del aplomo inherente del MC20, el motor retumba, hace gárgaras y silba como si fuera un Grupo B de toda la vida. Se calma a un número de revoluciones constante a través de Módena y cuando rodamos por carreteras más anchas y rápidas; pero siempre se percibe una resonancia profunda y baja en su escape.

No hay quejas sobre la caja de cambios Tremac de doble embrague y ocho velocidades que comparte con el Corvette C8. Es suave y refinada cuando se requiere, pero mucho más aguda a altas revoluciones que en el Chevy. Las levas de fibra de carbono extendidas también tienen una tacto fantástico, muy similar al de algunos Ferrari recientes; transmiten una conexión mecánica entre tus dedos y la caja de cambios. Se trata de una ilusión, por supuesto, pero una realmente buena y reconfortante.

Maserati MC20

Ahora tengo que hacer una advertencia importante antes de continuar. El tiempo está revuelto y nuestro MC20 está equipado con neumáticos de invierno Michelin Pilot Alpin en lugar de los habituales
Bridgestone Potenza Sport. Puede que contribuyan a la excelente calidad de conducción, pero también es de esperar que erosionen la respuesta y la sensación de conexión. Así que, cuando las carreteras se vuelvan más exigentes, espero una muestra de las capacidades absolutas del MC20 más que la experiencia completa. Sin embargo, curva a curva esas preocupaciones se disuelven y la MC20 empieza a desplegar sus considerables capacidades.

Rápidamente me doy cuenta de que no me importa que tenga 50 CV menos que un McLaren Artura o que carezca de la contundente banda sonora de un Lamborghini Huracán… porque, en su lugar, tengo un chasis tan accesible, indulgente y predecible, apoyado por una asistencia electrónica increíblemente intuitiva, que lo único en lo que puedo pensar es en la próxima zona de frenado, en el próximo vértice, en la próxima vez que perciba el funcionamiento del diferencial electrónico. Es cautivador.

Hay diferencias reales y tangibles entre los modos GT, Sport y Corsa, y en estas carreteras estrechas con asfalto roto, baches y ocasionalmente socavones, el ideal resulta ser el Corsa, pero con los amortiguadores ajustados en su especificación intermedia. Esto no sólo proporciona una magnífica respuesta al acelerador, sino que también parece convertir la aspereza del motor en un acompañamiento aullante, multidimensional y salvaje. La naturaleza del propulsor sigue estando en desacuerdo con los maravillosos modales y la precisión del MC20, pero de alguna manera el silbido chillón y los diferentes tonos añaden emoción. Y es que el ejemplo que se me viene a la mente es el del V8 del Ferrari F40, el cual no terminaba de ser una sinfonía ni mucho menos.

El modo Corsa también revela la verdadera genialidad de los sistemas de control de estabilidad y tracción. En esta configuración, la más permisiva, te da seguridad pero no una intervención paranoica; y la forma suave pero decisiva en que las ayudas electrónicas del MC20 puede atrapar, mantener y, luego, frenar un deslizamiento es algo muy especial. Este tipo de sistemas han mejorado durante los últimos años, pero parece que estamos en un momento cumbre con ejemplos con el último BMW M3 y, ahora, este Maserati MC20. En la carretera, al menos, no puedo imaginar ningún motivo lógico por el que girar hacia la derecha el manettino para activar el modo ESC Off. En las curvas lentas o rápidas, la electrónica del MC20 es un elemento facilitador y permite acceder a situaciones emocionantes a las que de otro modo no podrías llegar.

Maserati MC20

Dicho esto, la electrónica sólo puede cubrir un mal equilibrio o un comportamiento difícil en los límites acudiendo al rescate pronto y con fuerza. El hecho de que el MC20 pueda acariciar la trayectoria con un toque tan ligero dice mucho de su calma innata cuando las cosas empiezan a ponerse críticas. En resumen, el MC20 genera una enorme confianza y un equilibrio lúdico envidiable. Durante la prueba no he parado de preguntarme: «¿de verdad puede ser realmente tan fácil?». Una y otra vez. Entonces, me acordé de los neumáticos de invierno. ¿Tal vez sea porque los límites son más bajos y la goma con dibujo profundo es más progresiva? Quizá, pero sigue habiendo precisión y mucho agarre mecánico. El MC20 simplemente vuela en estas condiciones y creo que todos los puntos fuertes sólo se multiplicarán en carreteras cálidas y secas y con el montaje de neumáticos más adherentes.

Pronto dejo de hablar conmigo mismo y me limito a disfrutar de la salvaje banda sonora, del buen funcionamiento de la caja de cambios y de la serenidad con la que el MC20 traza las curvas sin subviraje y con la opción de un sobreviraje exquisitamente ejecutado y limpio siempre que te apetezca. No ofrece la cruda respuesta y agilidad de un McLaren 720S, ni el par motor surrealista de un Ferrari F8 Tributo; pero la capacidad única del Maserati de combinar el aplomo con ese motor venenoso es una experiencia fascinante por derecho propio. Y divertida. Una diversión increíble, inesperada y extremadamente adictiva. El MC20 es fantástico.

A medida que los kilómetros se acumulan y las curvas se suceden, el nuevo superdeportivo de Maserati me tiene enganchado y sigue revelando más y más su carácter. Algunas cosas se pueden esperar, como la tangible rigidez del chasis de fibra de carbono; otras parecen sorprendentes. Por ejemplo, el tacto de los frenos carbonocerámicos. También hay pequeños detalles interesantes, como el espejo retrovisor digital y la pantalla táctil con Android, que es fácil de usar y parece funcionar. Y cada vez que acelero a fondo y el Nettuno ruge y silba y se convierte en un Lancia Delta S4, no puedo evitar sonreír.

«Siempre tienes la opción de sobrevirar de una manera emocionante y segura».

Quizá lo que más me gusta del MC20 es que se siente único. Por supuesto, no puedo evitar referirme a los coches de la competencia e intentar reconocer elementos de Ferrari por aquí, de Lamborghini por allá o de McLaren en algún que otro detalle. Los ingenieros y los pilotos de pruebas de Maserati seguro que también investigaron estos coches. Seguro que les gustó la pureza de la ingeniería de McLaren, la sofisticación de los sistemas de control y la suspensión de Ferrari y la pura emoción de Lamborghini; pero parece que han mantenido su propia y clara visión ‘Maserati’ para el MC20.

Un superdeportivo con una faceta válida para usarlo como un Gran Turismo, pero también un modelo que se puede meter en circuito y que se encuentra realmente a gusto en carreteras secundarias. Puede ir por largas, rápidas y rectas autopistas durante horas, o surcar vías estrechas y llenas de baches que atraviesen montañas y desciendan a hermosos valles.

Maserati MC20

Admito que me preocupaba que este superdeportivo con ambiciones de GT se sintiera demasiado comprometido y artificial; que la percepción de Maserati desde dentro de la propia compañía resultara de alguna manera un ancla para su progreso. Pero, ¿por qué obsesionarse con el pasado cuando ese pasado es tan exasperantemente inconsistente? Sólo hay que construir el mejor coche posible. La visión cobró vida como mucho más que un supercoche de aspecto atractivo con una conducción flexible y asientos cómodos. En su lugar, el MC20 es ágil, maleable, ajustable y, sí, tiene un nivel de confort que está por encima del de quizás todos sus grandes rivales. Además, también tiene un alter ego salvaje que al principio parece incompatible con la estética contenida y el confort cotidiano, pero que finalmente se convierte en el núcleo de su atractivo.

Así que la sensación de frescura es real. El MC20 es un sabor nuevo y será fascinante ver los futuros derivados (Spyder, Folgore y, sólo por imaginar, una versión Trofeo); y he de reconocer que todo el tiempo que lo conduzco hay una pequeña sensación de familiaridad. Y es que el MC20 me recuerda al Alpine A110. Una especie de A110 muy evolucionado y a veces desquiciado, es cierto. Sin embargo, el núcleo de la fluidez de la dinámica, el enfoque en la diversión, la explotabilidad a velocidades de carretera y la brillantez de la ejecución en cada detalle la comparte con el pequeño y heroico deportivo francés.

Espero que los ingenieros de Maserati se tomen este símil como un piropo. No se me ocurren mayores elogios. ¿Qué es el Maserati MC20? Me gustaría decir que es el modelo del futuro éxito de Maserati, pero eso es tentar al destino. Digamos que es un triunfo y seamos felices. Maserati ha vuelto. De nuevo.

Maserati MC20

  • Motor: V6, 2.992 cm3, twin-turbo
  • Potencia: 630 CV a 7.500 rpm
  • Par: 730 Nm a 3.000-5.500 rpm
  • Peso: 1.475 kg
  • Relación peso/potencia: 2,34 kg/CV
  • 0-100 km/h: 2,9 segundos.
  • Velocidad máxima: 327 km/h
  • Precio: 243.400 euros
  • Valoración: ★★★★★

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