Prueba Pagani Zonda F, ¿sigue siendo una máquina impactante?
Pagani Zonda F

Prueba Pagani Zonda F, ¿sigue siendo una máquina impactante?

El Pagani Zonda es considerado como uno de los más grandes coches analógicos de la historia pero, tras 23 años… ¿seguirá siendo una máquina impactante? Lo averiguamos a bordo del Zonda F del propio Horacio Pagani. Texto: Jethro Bovingdon & Á. Sauras Fotos: Malcolm Griffiths

a memoria psicomotriz es un asunto curioso. Ha pasado bastante tiempo. De hecho, no he conducido un Pagani Zonda F desde 2013, cuando reunimos la más increíble variedad de “superdeportivos analógicos”, incluyendo a los Ferrari F40 y F50, al Porsche Carrera GT y, por supuesto, al XP5, el prototipo de McLaren F1 que alcanzó los 386 km/h en la recta de Ehra-Lessien el 31 de marzo de 1998. Con anterioridad a esos días surrealistas, supongo que mi contacto más reciente con el F fue en 2006. Sin embargo, giro instintivamente la suave empuñadura metálica circular de la llave y la mantengo ahí, esperando a que el agudo sonido del motor de arranque haga girar al V12 de 7.3 litros y le insufle vida. Hay un botón rojo de arranque encima de la gruesa y cilíndrica palanca de cambios de la caja manual de seis velocidades, pero no es necesario y la parte reptiliana de mi cerebro recuerda renunciar a ese paso extra. Sólo hay que girar, mantener, esperar una fracción de segundo y sonreír. Es genial estar de vuelta.

Hay muchas cosas que me resultan familiares. La textura impecable del cuero de los asientos; la acción ligera y hueca de la caja de cambios cuando practicas unos cuantos cambios; la sensación en la planta del pie, y a través de las suelas de las zapatillas de conducir, del pedal redondo del embrague, tan bellamente esculpido; lo poco acolchado que está el volante Nardi achatado en la parte inferior. Y la vista. La vista es inolvidable. EVO disfrutó de mucho tiempo en el asiento de los Zonda en los primeros días de Pagani, pero sospecho que incluso un encuentro de diez minutos bastaría para imprimir en ti estos recuerdos de forma duradera. Coches como el Zonda F son de los que no se olvidan. De hecho, los recuerdos parecen intensificarse a medida que pasa el tiempo. Parece muy extraño decir esto de un coche que nunca me podría comprar, pero el Zonda se siente tranquilizador y familiar. Como un hogar. O como una versión fantástica de un hogar.

Pagani Zonda F

En muchos sentidos, el primer y más venerado superdeportivo de Pagani (en aquella época aún no existían los hiperdeportivos, ¿verdad?) es como un hogar dinámico, exagerado, escandaloso y evolucionado hasta el extremo. Llegó en un periodo único en la historia de los coches de altas prestaciones, beneficiándose de una tecnología de materiales y unas posibilidades de ingeniería increíbles, pero mientras la esencia de la experiencia de conducción seguía definida por el hardware, y no por los algoritmos, los sistemas activos y una electrónica capaz de suplir cualquier déficit de talento con asombrosa facilidad. En otras palabras, el coche tenía que funcionar esencialmente bien desde el principio, y del conductor se requería delicadeza y habilidad para explotar sus prestaciones. Fue la cúspide de esa época que hemos definido como analógica. Este último no es un término preciso, pero vamos a admitirlo por ahora.

De esta forma, no hay un cirio de modos de conducción que activar o recorrer. No hay decisiones que tomar antes de salir. Respiro profundamente, me tomo unos segundos más para memorizar las dimensiones del coche y entender cómo situarlo en la carretera, y luego simplemente suelto el pesado pedal del embrague, dejando que el par del V12 AMG impulse a esta ligera e inverosímil escultura de ciencia ficción a lo largo de las carreteras de San Cesario sul Panaro.

Pagani Zonda F

Hoy, el aire es ardiente y espeso como la melaza, y los sentidos están en alerta máxima mientras el Zonda y yo nos reencontramos. Sin embargo, la verdad es que es muy sencillo de conducir. Estoy nervioso, pero sólo porque este Zonda F coupé (el 1 de 25 y con chasis número 91) es el coche personal de Horacio Pagani y ha pasado recientemente por el programa Rinascimento. Está valorado en 7 millones de euros. Rinascimento es el nuevo servicio de restauración de Pagani, que se suma al programa de certificación Puro. Considéralo como la versión de Pagani del departamento Ferrari Classiche. No estamos aquí para hablar de valores, pero dan una pista sobre nuestra misión.

El Zonda, cualquier Zonda, se ha convertido en un icono de los superdeportivos en el sentido más estricto de la palabra. Se encuentra a la altura de los Lamborghini Miura o Countach, el Ferrari F40 o el McLaren F1. Se trata de un elenco extraordinario… y casi diría que aún no ha habido otro súper o híper deportivo capaz de sumarse a esa familia. Tal vez el GMA T.50 sea el siguiente. Hoy, nos resumergimos en el mundo del Zonda para contrastar si la primera creación de Pagani realmente merece su lugar entre los iconos más puros de los superdeportivos.

Una cosa es inmediatamente obvia. Si crees que los superdeportivos tienen que ser brutales, temperamentales, aterradores y sencillamente incómodos, entonces el Zonda no es para ti. La visibilidad es magnífica gracias al amplio habitáculo acristalado en forma de lágrima; esos retrovisores laterales orgánicos y elegantes son tan funcionales como hermosos y la combinación del motor V12 “M120” de 602 CV con una conducción pulida y sin esfuerzo facilitan el avance.

Como en todos los superdeportivos con bastidor de fibra de carbono, el ruido de la carretera es más intenso de lo que cabría esperar, y el tacto del embrague y la dirección (especialmente si estás acostumbrado a las modernas asistencias eléctricas de los modelos de Ferrari) confieren al Zonda una clara faceta física, pero todo es maravillosamente intuitivo y está en armonía. Esfuerzo y resultados están maridados con una comprensión perfecta sobre cómo unir coche y conductor.

En las peculiares carreteras largas y rectas, pero muy estrechas, que caracterizan a esta parte de Italia, pasar a toda velocidad por delante de edificios agrícolas a medio construir y a menudo en ruinas, de color rosa anaranjado tras años de exposición, y ser recibido por saludos, sonrisas y algún que otro salto de alegría, es una forma muy agradable de pasar el tiempo. Los momentos en los que aceleras a fondo son fugaces, pero la melodía sonora y casi líquida del V12, junto con la forma que tiene de empujar al Zonda (que sólo pesa 1.230 kilos en vacío; lo mismo que un McLaren 765LT) es sencillamente placentera. Las prestaciones no son tan frenéticas como las de un Ferrari SF90 pero, de nuevo, el F se encuentra en el punto dulce entre lo escandaloso y lo aprovechable. Es tentador. Y las montañas cada vez están más cerca…

Pagani Zonda F

El F (por Fangio, el compatriota de Horacio, su amigo y el hombre que facilitó la fructífera relación Pagani/Mercedes-AMG) quizás sea el Zonda de los Zonda. El coche original, el C12, se presentó en el Salón del Automóvil de Ginebra de 1999, y había algo en su calidad de construcción que señaló a Pagani como una marca a tener en cuenta; una marca que podría no desaparecer en el éter como tantos otros proyectos especulativos que ven la luz en salones del automóvil. Pero aquellas primeras unidades del C12 eran un anticipo de lo que estaba por venir, más que el sueño completo cristalizado. El V12 de 6 litros producía sólo 389 CV, y aunque el uso extensivo de fibra de carbono hacía que cada caballo contara, estaba claro que el chasis podía soportar más potencia y que el concepto merecía más dramatismo.

Le siguió el C12-S de 7 litros, ofreciendo más de todo, incluyendo esos detalles asombrosamente intrincados y las notas de artesanía que ahora se asocian tanto con Pagani. Más tarde, experimentó un aumento de capacidad hasta los 7.3 litros. En 2005 se lanzó el Zonda F, de nuevo en Ginebra, con más componentes en fibra de carbono para el bastidor, estructuras en cromo-molibdeno para los subchasis, un aumento significativo de la potencia gracias a los colectores de admisión revisados y a un escape modificado, un límite de revoluciones más alto (que requería bielas de titanio) y otra multitud de mejoras. El peso se redujo aún más con la adopción de nuevos frenos carbocerámicos y brazos de suspensión más ligeros (junto con una geometría revisada) y nuevos amortiguadores Öhlins.

Una cosa permaneció igual. La única transmisión disponible era una Cima manual de seis velocidades. Los Zonda posteriores se volvieron más extremos, quizá en detrimento del concepto original, que se ajustaba mucho al molde del McLaren F1, aunque con un enfoque más latino de la estética. También estaban equipados con un sistema de cambio de marchas robotizado. No era una solución perfecta hace más de una década, y es una tecnología con la que el tiempo y la historia han sido especialmente crueles. Pero el F es intemporal.

Pagani Zonda F

Como un guiño a nuestras propias tradiciones, nos dirigimos al sur, hacia Florencia, pero pronto nos desviamos hacia las montañas. Raticosa, Futa… puertos de montaña trillados por generaciones de pilotos de pruebas de Ferrari, Lamborghini y Maserati, y testigos de la valentía y la locura de la Mille Miglia. Las carreteras son un poco estrechas para el Zonda y la ruta está inicialmente salpicada de pueblecitos y edificios que parecen invadir el asfalto, lo que obliga a respirar hondo mientras esquivamos hordas de Fiat Panda y ciclomotores. Pronto, la carretera comienza a abrirse y despejarse, y los pueblos se dispersan. Sin embargo, la superficie sigue terriblemente bacheada (en algunos casos, por culpa de los terremotos… y en otros, debido a una construcción bastante descuidada). La solidez del Zonda brilla intensamente. Se siente muy rígido, como un hiperdeportivo moderno o uno de los superdeportivos de carbono de McLaren, y los beneficios en términos de fluidez de la suspensión y de la precisión con la que el coche sigue tus órdenes son tangibles.

En realidad, hay algo de magia en su funcionamiento. La combinación de esta tecnología de materiales tan avanzada con ingredientes mecánicos de la vieja escuela (especialmente el enorme motor atmosférico y la caja manual) crea un conjunto fundamentalmente intuitivo y emocionante. El tacto se caracteriza por una precisión absoluta, una respuesta cristalina, una consistencia dinámica y una especie de experiencia de conducción gratificante. El F siempre hace que te sientas bien, por supuesto, pero si se va mas allá de una conducción rápida y despreocupada, y se comienza a presionar de verdad, su personalidad comienza a desprenderse de más y más capas. Pagani es capaz de crear coches que parecen una obra de arte, pero también asombrosos en lo que se refiere a la agilidad y las prestaciones. Y este Zonda F es un buen ejemplo.

Al volante, la confianza se adquiere rápidamente, y se basa en la sensación de cohesión. Todo comienza con la dirección. Como he dicho antes, requiere más esfuerzo del habitual en un superdeportivo moderno, pero no es innecesariamente pesada, y la forma en que la carga se incrementa a medida que se aborda una curva proporciona un detalle magnífico. A veces, habrás oído hablar de direcciones ligera y desconectadas, desprovistas de textura y como muertas. La del Zonda es todo lo contrario: rica en textura y comunicando vivamente la estructura de la superficie que pasa bajo los neumáticos. La carga aumenta a medida que el neumático muerde, dándote la sensación de que el coche entra en la curva. Y la parte trasera, tan ancha y repleta con ese enorme motor, le sigue sin un ápice de vacilación y proporcionando su propia pincelada a la impresión de aplomo.

Pagani Zonda F

Con el coche asentado en la curva, se puede empezar a echar mano de las inacabables reservas de potencia del V12. La unidad AMG de 7.3 litros es un motor muy especial y, aunque no tiene la capacidad de revolucionar como, por ejemplo, un Porsche Carrera GT, el enorme par motor que ofrece y la forma en que puedes explotarlo con tanta precisión es una droga en sí misma. Los neumáticos traseros conseguirán consumir una enorme cantidad de la abundante potencia. Tras eso, los primeros síntomas de que estás acariciando el límite consistirán en un aligeramiento de la dirección y cierta tendencia del morro a alejarse del punto hacia el que estás apuntando. Puede que el subviraje suave y fácil de gestionar no sea el ingrediente del que están compuestos los sueños, pero resulta muy especial sentir cómo el Zonda cobra vida de esta manera tan natural. Estás achuchando a un enorme y carísimo montón de fibra de carbono… y, aun así, el ejercicio resulta de lo más natural del mundo.

El fluir se ve interrumpido de manera hosca e innecesaria por un sistema de control de tracción que encaja en la definición de draconiano. Horacio Pagani siempre ha querido que sus clientes estén seguros, y ajustó el control de tracción del Zonda de forma coherente con esa filosofía, para que el F frenara los desmanes pronto y de manera autoritaria. Es comprensible. Si un superdeportivo lleva tu nombre, también te gustaría que nadie sufriera daños en él. Desgraciadamente, esto también significa que, para disfrutar de verdad del coche, tienes que desactivar completamente los sistemas y confiar en tus propios instintos y en el buen hacer de Loris Bicocchi, el brillante ingeniero de chasis que está detrás de la puesta a punto del Zonda. No es que te asuste hacerlo, porque el coche se ha mostrado equilibrado y ha conectado contigo a muchos niveles. Sin embargo, el valor del vehículo y, en este caso, la sensación de que el propio Pagani te mira con desaprobación, son ineludibles. Aun así, respirando profundamente, decido que es la única alternativa razonable.

Las siguientes horas justifican sobradamente el haber pulsado el pequeño e inocuo botón situado a la izquierda de la palanca de cambios, marcado como “ASR Off”. El carácter del F no cambia notablemente. Simplemente logras un pase sin restricciones a todas las zonas de talento del Zonda, y línea directa entre tu pie y el monstruo V12 que hay atornillado a tu espalda. Ahora, la aparición de un ligero subviraje ya no es el final del viaje, sino el prólogo de una magnífica interacción con la potencia y agarre del Zonda. El F no es un coche pensado para ir de costado, por supuesto, pero sí que permite ajustar su actitud tanto con el acelerador como con la dirección. Si se conduce rápido y con cuidado, transmite la sensación de ligereza y precisión de un Porsche Cayman. Si se es más agresivo, brindará pequeños micro-infartos, al estilo de un 911 GT2 RS. Pero todo el tiempo sientes que el coche está bajo tu control. Tiene habilidades tan inmensas y tanto carácter que podrías pasarte años practicando y aprendiendo a dominarlo.

Tampoco es perfecto, claro. A pesar de su ligereza, el control vertical de la carrocería no es el de un superdeportivo de 2022. Las grandes ondulaciones se traducen en fracciones de segundo de flotación, y las sucesiones rápidas de baches hacen que todo el coche se agite de una forma que provocaría vergüenza ajena en un Pagani Huayra BC. El nuevo Porsche 911 GT3, por ejemplo, permitiría circular más deprisa y con menos atención y esfuerzo. El cambio tampoco es de los mejores, brindando un tacto ligero y un poco impreciso. Pero no importa porque todo lo que le falta en cuanto a perfección ingenieril, lo compensa con la experiencia de conducción.

Pagani Zonda F

Entonces, reduces la velocidad y comienzan a emerger los pequeños detalles. Puede que el recargado interior no sea del gusto de todos, pero no cabe duda de que está ejecutado con los más altos estándares de calidad. La forma en la que los pasos de rueda enmarcan la carretera. Las suaves correas de cuero empleadas para asegurar los capós delantero y trasero, y que sólo son visibles al abrir las puertas aladas. El contraste entre la apariencia sólida de los múltiples interruptores y su tacto ligero. El Zonda es una fiesta para los sentidos e hipnótico a cualquier velocidad.

Teniendo en cuenta todo lo anterior, es comprensible que haya propietarios de un Zonda que nunca desactiven el ASR ni se molesten en dirigirse a las colinas sin otro plan que el de llegar a ninguna parte de la manera más ruidosa y rápida posible. Propietarios que simplemente disfruten de la refinada sensación de conducción, de alguna puntual aceleración desaforada y de los aromas y paisajes que brinda el Zonda tanto por dentro como por fuera. Estoy seguro de que son muy felices. Pero se están perdiendo lo mejor. El Zonda F se merece que se le suelte la correa, porque sólo entonces puedes descubrir lo intrigante, emocionante y brillante que puede llegar a ser el primer superdeportivo de Pagani.

Pagani Zonda F

Pagani Zonda F

  • Motor V12, 7.291 cm3
  • Potencia 602 CV a 6.150 rpm
  • Par 760 Nm a 4.000 rpm
  • Peso (en vacío) 1.230 kg
  • Relación peso-potencia 2,04 kg/CV
  • 0-100 km/h 3,6 segundos
  • Vel. máxima Más de 350 km/h
  • Precio en 2005 580.000€
  • Valor actual 7.000.000 €
  • Valoración ★★★★★

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