Henry Pearman: fundador de Eagle E-Types y coleccionista de coches
Henry Peaman

Henry Pearman: fundador de Eagle E-Types y coleccionista de coches

Empezando con un MG Midget de 30 euros, comprado cuando tenía 15 años, Henry Pearman ha logrado una épica y envidiable colección de coches, convirtiéndose también en un pionero de los restomod.

Lo vi aparcado en la entrada de una casa y me encantó. Fue el punto de inflexión. Supe que el Jaguar E-Type iba a ser mi vida”. En lo que respecta a profecías de niñez, pocas pueden superar la de Henry Pearman, fundador de Eagle E-Types y poseedor de una colección de coches realmente épica.

Sabes que tratas con alguien que tiene una obsesión seria cuando necesita un día para hacer una lista de todos los coches que ha tenido. Perdón, una lista de los coches más relevantes que ha tenido. Además, cuando descubres que Pearman compró su primer coche con 15 años, y desde entonces ha comprado y vendido coches sin cesar, sabes que esa lista va a ser larga.

Hacer una visita a Pearman debería incluir una advertencia sanitaria. Han debido pasar casi 20 años desde la primera vez que me enseñó su colección de coches, y todavía recuerdo lo impresionado que quedé con lo que vi. Dos décadas después, el tamaño y la variedad de la colección de Pearman, que ha crecido considerablemente y ahora está repartida entre varios lugares, me sigue alucinando.

Lo que ves es aún más extraordinario dado que Pearman es un hombre hecho a sí mismo. Nacido en 1963, disfrutó de una infancia feliz, pero como él mismo explica, la vida no era fácil: “Mi familia no tuvo mucha fortuna. Mi padre trabajaba para National Benzole y después fue a Shell, a las oficinas centrales de Londres. No obstante, su pasión era la impresión. En 1971 se prejubiló, antes de los 50 años, y compró una tienda de láminas decorativas”.

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“Desafortunadamente, esto coincidió con una huelga nacional de correos que duró seis meses. El negocio quebró y mis padres básicamente lo perdieron todo, pasando de tener una casa de cuatro habitaciones a no volver a tener nunca una casa en propiedad. Fueron tiempos difíciles…”.

“Papá se reinventó y escaló de dependiente en una gasolinera a gerente para una empresa de gasolineras. Nos mudamos mucho. Desde que tenía ocho años empezaba en un colegio nuevo casi cada año, pero creo que esto fue bueno para mí, ya que me habituó a tratar con diferente gente. Mis padres se estaban recuperando y comenzando a buscar una nueva casa, cuando vino otra crisis. Mi padre perdió el trabajo y volvieron al punto de partida. Tiempos difíciles, en efecto”.

“Los coches de la familia solían ser viejos, así que teníamos que repararlos. Descubrí que tenía cierta habilidad para la mecánica y un tipo llamado Duncan Welch, del club de coches local al que me inscribí (¡con 12 años!), me apadrinó y me ayudó a aprender. Recuerdo que me dijo que me daría un diferencial para sustituir el estropeado del Austin A40 de mi madre, pero con la condición de que lo montara yo. Así que me fui a la tienda local, compré una caja de herramientas e hice justamente eso”.

El espíritu emprendedor de Pearman surgió pronto. Su amor por los coches y la habilidad de repararlos alimentó su determinación por ganar y ahorrar dinero, que utilizaba para comprar más coches viejos que podía arreglar, disfrutar y vender con ganancias. Llevó la delantera a programas de televisión como Joyas sobre ruedas.

“Cuando tenía 15 años, había ahorrado lo suficiente para comprar mi primer coche, un pequeño MG Midget. Estaba anunciado en un periódico local, para piezas o para ser reparado, y lo pagué con 30 euros en monedas. En lugar de repasar para mis exámenes, leía el libro de David Vizard sobre cómo reconstruir motores Serie A como el del MG. Cuando no estaba trabajando con coches, los sábados solía ver el programa juvenil Multi-Coloured Swap Shop. De ahí nació mi amor por los negocios y por intercambiar cosas todo el tiempo. Se convirtió en la historia de mi vida, la verdad”.

Tras terminar el instituto, se embarcó en una diplomatura de tres años sobre ingeniería del automóvil en la universidad de West Kent, en Inglaterra. “Fue genial”, dice Pearman. “Llegaba hasta el nivel de dirección del sector, pero también cubría aspectos mecánicos. El padre de uno de mis compañeros de curso era Jackie Epstein, un piloto que dirigía la escuela de competición de Brands Hatch, así que acabé haciendo mis prácticas allí. Iba en mi pequeña Garelli Tiger Cross de 50 cc y dos tiempos, tardaba una hora y veinte minutos por trayecto. Fue una época estupenda”.

A medida que se desarrolló la historia de Pearman, es evidente que su futuro siempre estuvo ligado a aprovechar al máximo cualquier oportunidad, por muy improbable o inesperada que pareciera. ¿De qué otra forma se puede explicar su paso profesional por Sargeants, un especialista en Bentley y Rolls-Royce, en el que un Pearman de 17 años aprendió habilidades de restauración y adquirió su sensibilidad por los detalles y la calidad? Lo mismo cuando, con 21 años, tuvo las agallas de vender los coches que había reunido para empezar su propio negocio; uno que se convertiría en el famoso Eagle E-Types.

El ciclo de comprar, reparar y vender coches era incesante. “Di el que se te ocurra, seguro que lo he tenido”, dice Pearman con una sonrisa. “Para 1982 ya me había diplomado en la universidad y estaba en Sargeants a tiempo completo. Había ascendido hasta poder permitirme un Triumph TR6, un MG MGB y un Gordon Keeble, pero al año siguiente los cambié, añadiendo 600 euros, por un De Tomaso Pantera. Creo que estaba a la venta en un concesionario por unos 8.500 euros”.

El Pantera requería trabajo y resultó difícil de vender, lo que inmovilizó el preciado fondo de maniobra de Pearman. Cuando se rompió la caja de cambios del MGB V8 que utilizaba a diario, se encontró en una situación complicada. Principalmente porque ya se había comprometido a comprar un Jaguar E-Type Roadster Serie II…

“Ahí es cuando aprendí por primera vez a pedir dinero prestado”, explica Pearman. “Fui a ver al director del banco y le expliqué que había acordado comprar un coche y no tenía el dinero. Aprobó mi primer crédito y, desde entonces, no he parado. Significaba ser capaz de seguir haciendo girar la rueda y, al final, vender esos coches que iniciaron Eagle, así que supongo que se podría decir que ese es el origen de todo lo que ves aquí”.

¿Se estresa? “No, la verdad es que no. Entiendo que endeudarse asusta a mucha gente, pero no es disparatado si tienes la mentalidad para gestionarlo. Y tiene sus riesgos. Recuerdo pedir un préstamo para comprar acciones en junio de 1989, varios cientos de miles de euros, y justo el mercado se dio la vuelta en septiembre. El mercado siempre se recupera, pero a veces recibes un varapalo. Retroceder para avanzar, si es que tiene algún sentido”.

“La única vez que he pasado noches sin dormir fue cuando vendimos algunos coches de los caros y teníamos mucho dinero en el banco. ¡Me resultó muy angustioso! He aprendido que sólo estoy relajado cuando el dinero está desplegado. Entonces estoy bien, porque eso me motiva”.

Esa motivación se manifiesta de muchas maneras. Para empezar, Pearman nunca descansa; trabaja prácticamente los siete días de la semana y siempre está alerta sobre las tendencias del mercado u oportunidades de compra. “Algunos de los coches de carreras que hemos comprado a lo largo de los años, como el Porsche 956-001 Rothmans, el Jaguar XJR-9 de Castrol, ganador de Daytona, o más recientemente el Mercedes CLK GTR de carreras, fueron oportunidades de las que aparecen una vez en la vida y sencillamente tuve que aprovecharlas. Suele ser el caso en este tipo de coches. Si dudas, los has perdido”.

n teoría cualquiera podría haber hecho lo que ha hecho Pearman. En la práctica, pocos o ninguno tienen su pasión, conocimiento, energía y resiliencia. Es el trabajo de toda una vida. Desde luego los resultados son indiscutibles. Mientras que la mayoría de nosotros tenemos algunas maquetas de coches en nuestra oficina o estudio, Pearman tiene un Ferrari F40 de tamaño real aparcado junto a su escritorio, además de un Onyx de F1, el Jaguar XJR-8 de Silk Cut, ganador del mundial de 1987, o un par de Ducatti de MotoGP, de Stoner y Rossi. Es como si todos tus sueños más salvajes se hicieran realidad.

Los comerciantes de coches no se caracterizan por su sentimentalismo, pero Pearman es una excepción. Si miras más allá de los icónicos coches y motos de competición, descubres una colección dentro de otra. Una que documenta su vida y sus amores en el mundo de las cuatro ruedas de manera íntima. Ya sea un Mini pick-up, un Austin Healey Frogeye Sprite, un Rover Coupé 3.5 litros, un Rolls-Royce con carrocería a medida o un Ferrari Berlinetta Boxer, hay una historia personal detrás de cada compra.

“Nunca compro con la idea de vender, lo cual parece una locura para un vendedor de coches, pero incluso cuando compramos un E-Type para el concesionario, me gusta que esté por aquí un tiempo. Cojo aprecio a cada coche. Aunque en el fondo también sé que siempre estoy persiguiendo el siguiente negocio, por lo que llegará el momento de vender algo, o más probablemente un lote, para poder lograr el siguiente trato. Es un proceso perpetuo, aunque entiendo que algunos lo consideren una enfermedad”.

Uno de los coches menos impresionantes de la colección es un E-Type 4.2 Roadster dorado algo destartalado, con llantas Minilite y repleto de pegatinas. Irónicamente, es el coche más importante de todos para Pearman. ¿Por qué? Porque es el coche que preparó él mismo y condujo a una victoria absoluta en el Pirelli Classic Marathon de 1989. Su mirada deja claro que este coche representa mucho más que una victoria. Para Pearman contiene algunos de sus recuerdos más preciados y representa en todo lo que se ha convertido Eagle: “Si el edificio estuviera en llamas, este sería el primero que rescataría”.

Si la colección completa es la expresión más privada de la pasión por los coches de Pearman, el negocio de Eagle E-Types es claramente lo más público. Pioneros de la ahora omnipresente escena de los restomod, fabricaron el primer Eagle E-Type en 1994. Desde entonces, las exquisitas restauraciones que crea con Paul Brace y el equipo de especialistas de Eagle se han convertido en creaciones muy codiciadas que cuestan entre 500.000 y 1.000.000 de euros, antes de impuestos.

“Hasta ahora hemos fabricado 56 de nuestros Eagle Classic restaurados, y estamos llegando a 25 del Special Edition, repartidos entre el Speedster y los Low Drag, Lightweight y Spyder GT. Y obviamente seguimos cuidando estos coches en lo que respecta a revisiones y mantenimiento. Tenemos las reservas de restauraciones cubiertas hasta 2026, lo cual está bien, pero siendo honestos es probablemente una espera demasiado larga.

Ponemos tanto en los coches que prefiero que los construyamos sabiendo que son todo lo buenos que pueden ser. Siempre tenemos en stock unos 30 E-Type donantes para que nuestros clientes elijan, y los fabricamos a un precio fijado, algo que gusta a los clientes. El problema es que las restauraciones de Eagle tardan lo que tardan. (¡Un Low Drag lleva unas 8.000 horas!) Hay que estar preparado para dedicar ese esfuerzo y ese tiempo extra que marca la diferencia en el producto final”.

“Aunque soy fundamental tanto para Eagle como para la colección, coexisten sin depender entre sí. Dicho esto, cuando queremos embarcarnos en un proyecto Eagle muy ambicioso, a veces vendo algo para liberar el dinero. Así es como fuimos capaces de trabajar con un cliente en el primer Low Drag, por ejemplo”.

Henry Peaman

Entusiasta. Vendedor. Piloto. Restaurador. Coleccionista. Pearman es un hombre de muchas facetas y, por tanto, casi imposible de encasillar. Así que, ¿cómo se describe a sí mismo?

“Hmm, esa es buena. Supongo que la mayoría de gente me describiría como un vendedor de coches. Pero nunca me he visto de ese modo. ¡Creo que soy un apasionado coleccionista que ocasionalmente tiene que vender algo para pagar la siguiente cosa que no me puedo permitir!”.

“Poniéndome serio un momento, creo que mi vida cambió cuando una amiga cercana y vecina nuestra murió repentinamente. Acababa de cumplir 50 años y estaba repleta de alegría. Decidí en ese momento que la vida es muy corta y en seis semanas compré (en realidad, la financiera) ¡dos 288 GTO y un DB4 GT! Ya los vendimos hace tiempo para financiar otros negocios, pero lo que quiero decir es que los coches son mi absoluta pasión. Comprarlos, tenerlos y disfrutarlos es enormemente gratificante, al igual que vender algunos para comprar otra cosa es muy excitante. Especialmente cuando eso significa que puedes poseer algo como un Jaguar o un Porsche de Grupo C, ganadores de Le Mans, que veías competir en la época. Es muy absorbente, pero no me veo cambiando nunca. Además, sólo se vive una vez”.

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