Cómo ser Ian Callum: diseñador y coleccionista de coches
Ian Callum

Cómo ser Ian Callum: diseñador y coleccionista de coches

Conocido por sus diseños para Aston Martin y Jaguar, Ian Callum rememora su ilustre carrera y habla sobre su ecléctica colección personal de coches. Texto_Brett Fraser & J. Álvarez Fotografía_Aston Parrott

Sabes que te vas a llevar bien con Ian Callum, diseñador del Aston Martin DB7, el Vanquish y el DB9, y durante 20 años jefe de diseño de Jaguar, cuando te dice que una vez tuvo un Ford Sierra RS Cosworth como coche de empresa, al mismo tiempo que tenía un Citroën 2CV. “Madre mía, me encantaba ese Cosworth”, espeta Callum.

Había cierta envidia entre los compañeros de trabajo del escocés en Ford, recuerda. “Muchos me preguntaban: ‘¿Cómo lo has conseguido?’. Les dije que simplemente rellené un formulario y lo encargué, y que ellos podían hacer lo mismo. A lo que me respondieron: ‘Pero no podemos permitírnoslo’. Y yo les contesté: ‘¡Yo tampoco me lo puedo permitir!’”.

“Pero yo era un verdadero amante de los coches y sencillamente tenía que tener un Cosworth. Lo tuve durante un año y medio y lo llevaba a todos lados. Era genial. Se supone que había que devolverlo tras seis o nueve meses, y con no más de 16.000 km. La compañía me siguió mandando cartas para que lo devolviera durante bastante tiempo, y al final lo devolví con cerca de 50.000 km, así que lo amorticé”.

La fascinación de Callum por los coches y su pasión por dibujar florecieron a muy temprana edad, recuerda. “Desde que tenía unos tres años dibujaba cosas por la casa; televisores, radios… Un buen día decidí que me encantaban los coches. Creo que mi abuelo pudo tener algo que ver, ya que le interesaban bastante y me incitó.

Ian Callum

En nuestra casa, en Dumfries (Escocia), solía quedarme en la verja, al final del jardín, para ver los coches pasar. Un día vi un Porsche 356 plateado y me di cuenta de que era algo extraordinario y, para mi gusto, muy bonito. Recuerdo contarle a mi profesora, en mi primer día de colegio, que cuando me hiciera mayor iba a ser diseñador de coches. Me miró con condescendencia y me mandó de vuelta a mi pupitre”.

Habría muchos baches por el camino hasta conseguir esa meta, pero Callum tenía absoluta convicción de que el diseño de automóviles era su destino. “Aquella certeza convirtió mis años de juventud en una carrera de obstáculos. Tenía que pasar por todo aquello para poder llegar a hacer lo que realmente quería hacer. El colegio era un trámite que tenía que afrontar. Mi escuela era muy académica, así que la idea de que yo quisiera estudiar arte en lugar de francés les desconcertaba. Les dije que quería estudiar arte e ingeniería, pero eran incapaces de ver la relación entre ambas, así que solía decirles que quizá tendrían que preguntarle sobre ello a Leonardo Da Vinci”.

Con cierta clarividencia, en 1968, cuando tenía 14 años, Callum envió algunos de sus diseños a William Heynes, director técnico de Jaguar. La respuesta de Heynes confirmó la necesidad de una mayor formación en arte e ingeniería. Así explica Callum su interés por los Jaguar: “En mi juventud los Jaguar eran los coches más exóticos que, en cierto modo, parecían asequibles. Y el E-Type era la esencia del estilo. Una inspiración que me hizo querer crear coches estilosos. Más adelante, como diseñador de Jaguar, esa idea siempre fue emotiva para mí, ya que intenté enseñar a la gente que en Jaguar lo primero y más importante era el diseño”.

Una vez terminada su etapa escolar, Callum se matriculó en la School of Transportation and Design de Coventry (Inglaterra), aunque resultó una experiencia desalentadora. “Hubo una crisis del petróleo en la época y nos desanimaron de cara a diseñar coches”, lamenta Callum. “Querían que diseñáramos otras formas de transporte, como patines, así que aprendí poco y tuve poca práctica en el diseño de coches.

Peter Stevens (diseñador de coches y ahora buen amigo de Callum) vino en un par de ocasiones a enseñarnos a dibujar coches, pero dado el contexto de entonces, resultaba casi políticamente incorrecto”.
Tras un año en ‘aquella desalentadora experiencia’, Callum lo dejó y volvió a Escocia, donde hizo un curso de arte en Aberdeen y, después, uno de diseño industrial en la School of Art de Glasgow. “Eso me salvó”, confiesa. “Pasé tres años fantásticos en Glasgow y retomé el diseño de coches. Produje algunos buenos proyectos basados en ideas que daban que pensar”.

El Ford Zephyr V4 de los padres Callum, fue su medio de transporte mientras estudiaba.

Con su talento ya brillando, Callum consiguió una beca de Ford para un curso de diseño de automóviles del Royal College of Art de Londres. Pero Callum desvela que, en realidad, esperaba conseguir un trabajo en Vauxhall. “En aquella época Wayne Cherry estaba al mando en Vauxhall y había hecho cosas como el Firenza y el prototipo SRV, una increíble pieza de diseño. Así que intenté conseguir un trabajo e incluso tuve el apoyo de Cherry para ir al Arts Center California (el equivalente americano al Royal College of Art), pero Vauxhall fue reticente a contratarme entonces”.

Mientras estudiaba en el RCA, Callum adquirió su primer coche. “Era un Volvo P544 que compré a Peter Stevens, que era uno de los ponentes en el RCA. Había modificado el coche y tenía llantas americanas, aunque no tenía motor. Encontré uno, lo monté y pensaba que aquel viejo Volvo era genial. Pero consumía más de 20 litros/100 km, así que no podía permitirme utilizarlo. Después vino un Mini Clubman de 998 cc, que usé para ir y volver a Escocia. Y, más tarde, tuve un Vauxhall Chevette, lo creas o no. Me había enamorado del Chevette HS2300, pero no me llegaba para uno y pensé que podía montar el motor 2.3 en un Chevette normal. Ya sabes cómo eres a esa edad, cargado de sueños…”.

“Un Morris Minor pick-up con motor de Sprite vino después, seguido de un VW Beetle GT que también compré a Peter Stevens, y que quedó destrozado cuando un Mini se estrelló contra él. Compré un Beetle descapotable en Holanda, lo reparé y, a continuación, mi mujer y yo dimos la vuelta a Europa en él. ¡De locos! Cuando entré en Ford, cansado del trabajo que conllevan los coches viejos, compré un Ford Fiesta XR2 Mk1, que era un tremendo coche pequeño. Luego lo cambié por un Mk2, un coche en el que había trabajado”.

Para 1979, Callum estaba trabajando a tiempo completo en Ford, y no era el trabajo de ensueño que había imaginado. “Era un día oscuro y lluvioso en Dunton, me acababan de encargar el diseño de un volante para la Transit, y tuve un momento en el que me pregunté si esto era realmente lo que quería hacer. Pero todo era parte del crecimiento. Atraviesas esa etapa en tu juventud en la que luchas contra el mundo y te quieres asegurar de conseguir tus sueños”. Esas dudas se disiparon cuando Callum concibió un astuto plan. “Aprendí a hacerme oír (el que no llora no mama). Me quejé lo suficiente para sugerir que no es que debiera, sino que necesitaba diseñar exteriores. Así que lo que hicieron fue mandarme por medio mundo: no sé si fue para darme más experiencia o para librarse de mí”.

Este Triumph TR6 potenciado, es el coche que más conduce de su colección

“Acabé trabajando en Australia, en Japón y en Italia, donde fui director de Ghia. Ford me cuidó bastante y la experiencia tuvo un valor incalculable. Aprendías a diseñar cosas con un presupuesto. El diseño es muy importante para una compañía como Ford, puesto que los coches se venden tanto por el diseño como por lo que ofrecen. Como los coches son relativamente baratos, tienes que maximizar el efecto que tienen la carrocería y el interior todo lo posible, acorde al presupuesto”.

Después de disfrutar de la diversión y el glamour de su vida en Ghia, en Turín, el eventual regreso a Dunton y el diseño del volante de un Mondeo fueron la gota que colmó el vaso para Callum, y en 1990 aceptó un trabajo con Tom Walkinshaw en TWR para crear un estudio de diseño. “Tom era escocés, así que nos llevábamos muy bien”, ríe Callum, “y él era muy ingenioso a nivel estético y se dio cuenta de que un estudio de diseño sería un escaparate para el talento en ingeniería de la empresa”.

“Cuando mis antiguos compañeros de Ford vinieron a verme a mi pequeña nave industrial en Oxford, pude observar la duda en sus miradas, y recuerdo que les dije: ‘No me juzguéis por esto, hacedlo por el resultado’. En TWR hicimos algunos grandes coches. El Aston DB7 fue mi primer éxito, y el Vanquish cimentó después mi reputación”.

“En TWR hicimos algunos grandes coches. El BD7 fue mi primer gran éxito”

Principalmente gracias al Vanquish, en 1999 el responsable global de diseño de Ford, J Mays, que estaba remodelando los departamentos de diseño del grupo Ford, fichó a Callum para ser jefe de diseño en Jaguar. “Cuando llegué a Jaguar mi primer trabajo fue el DB9 (por entonces Ford era propietario de Jaguar y Aston Martin), lo cual me alegró hacer, puesto que muchas de las novedades de Jaguar ya estaban hechas para los próximos cinco años”.

Involucrado en un principio en restyling y derivados de modelos existentes, a partir de 2006 Callum y su equipo comenzaron a presentar al mundo el nuevo lenguaje de diseño de Jaguar. El primero fue el XK, seguido en cortos intervalos de tiempo por el XF, el nuevo XJ, el F-Type, el XE, el F-Pace y el I-Pace, un ritmo de lanzamientos prodigioso, intercalados con restyling y espectaculares prototipos. En retrospectiva, podemos apreciar la escala de aquel logro, pero Callum revela que no todos los diseños fueron bien recibidos a nivel interno. “Para mí el XK era parte de la familia tradicional de Jaguar, un buen sucesor para el XK8, pero a un par de directivos no les gustó el coche en absoluto porque tenía ‘aristas afiladas’”.

En 2019, tras dos décadas marcando la dirección de diseño de Jaguar, Callum dejó el cargo. Ese fue el año en el que le concedieron la Orden del Imperio Británico ‘por servicios a la industria británica del automóvil’. Curiosamente, durante mis dos largas conversaciones con el escocés, no mencionó ni una vez su condecoración, lo que podría ser modestia o simplemente que prefiere hablar de coches.

Ian Callum en su Jaguar XJ Coupé

Y no solamente habla de ellos, también los posee. “He comprado coches que siempre quise cuando era joven pero no podía permitirme. Mi Jaguar XJ Coupé, por ejemplo, que es precioso. Siempre anhelé un Porsche 911 y el 993 era uno de mis favoritos. Lo he modificado para que sea una especie de RS. Y tengo un Triumph TR6 repotenciado, que es el coche que más conduzco”.

“Desde que era un adolescente me encantan los hot-rod, así que tengo un Ford Model B hot-rod y un viejo pick-up Chevrolet C10. He tenido numerosos Mini desastrosos, pero en 1995 compré uno con un año de antigüedad que todavía tengo. Durante un tiempo también tuve un Ford Escort RS2000 Mk1, y un Chevette HS2300 auténtico. También tengo un Alfa Giulia coupé, que estamos restaurando con un motor Twin Spark o ‘doble bujía’, y estoy construyendo un Porsche 914 2.2, que está siendo un dolor de cabeza. Tengo una VW T6 con suspensión rebajada y grandes llantas de 20 pulgadas… ah, y también, un Vanquish”, comenta Callum, recordando de repente uno de sus grandes diseños. “Mi Jaguar Mk2 restomod lo hice por amor al arte. Lo fabricó Classic Motor Cars con unos estándares extraordinarios.

El Ford Model B hot-rod de la colección de Ian Callum

Intentamos convertirlo en un negocio, pero era demasiado caro. Tuve que vender mi coche para recuperar el coste de desarrollo, literalmente cientos de miles de euros. Una pena, porque era un coche fantástico”.

En lugar de jubilarse, en 2020 Callum lanzó una consultoría de diseño e ingeniería, convenientemente llamada Callum. Una de sus primeras creaciones es el Vanquish 25, una reinterpretación moderna del coupé V12 de Aston, que ha sido completamente actualizado, visual y mecánicamente, por dentro y por fuera.

“Cuando empecé con esta nueva iniciativa quería ampliar el catálogo a algo más que coches, a áreas como muebles, por ejemplo. Y ahora estamos trabajando en una variada mezcla de proyectos, como un sillón y otros de los que no puedo hablar. Pero con ese objetivo ya en marcha, estoy deseando hacer más trabajos basados en coches, como el reciente Prodrive Hunter T1+, y algunos otros que veréis pronto”. El Callum joven seguro que daría su aprobación.

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